Las Uvas de la Ira – John Steinbeck

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LAS UVAS DE LA IRA

Los emigrantes bullían en los caminos, y en sus ojos se retrataba su hambre, y sus privaciones estaban marcadas en sus ojos. No tenían argumentos ni sistemas, nada, sino un número y sus necesidades. Cuando había trabajo para un hombre, diez hombres luchaban por conseguirlo…, y su arma era ofrecer sus servicios por menos dinero: “Si ese hombre quiere treinta centavos, yo trabajaré por veinticinco”.

— Si él pide veinticinco, yo lo haré por veinte.

— No; yo; yo tengo hambre. Trabajaré por quince centamos. Por la comida. Los niños. Debería usted verlos. Les han salido unos forúnculos; no tienen ánimos ni para jugar. Les di una fruta que encontré tirada por el suelo, y se hincharon. Yo trabajaré por un pedazo de carne.

Y esto era conveniente, porque bajaban los salarios y se mantenía el precio. Los grandes propietarios estaban contentos y repartían más prospectos para atraer a más gente. Los salarios bajaban y los precios se mantenían al mismo nivel.

Entonces los grandes propietarios y compañías inventaron un nuevo método. Un gran propietario compró una fábrica de conservas. Y cuando los duraznos¹ y las peras estuvieron maduros, hizo bajar el precio de la fruta a menos del costo del cultivo. Y, en su calidad de dueño de una fábrica de conservas, se pagó a sí mismo un bajo precio por la fruta y mantuvo el precio de las conservas y así obtuvo un pingüe beneficio. Y los pequeños agricultores que no tenían fábricas de conservas perdieron sus granjas, que fueron absorbidas por los grandes propietarios, por los bancos y por las compañías que poseían también fábricas de conservas. Al pasar el tiempo, hubo menos granjas. Los pequeños agricultores se trasladaron al principio a los pueblos hasta que agotaron su crédito, la ayuda de sus amigos y de sus parientes. Y entonces ellos también salieron a las carreteras. Los caminos se poblaron de hombres codiciosos por un trabajo, capaces de asesinar por conseguir trabajo.

Y las compañías y los bancos fueron labrando su propia ruina, aunque sin darse cuenta. Los campos eran fértiles, y por los caminos marchaban hombres hambrientos. Los graneros estaban llenos, y los hijos de los pobres crecían raquíticos y en sus cuerpos se hinchaban las pústulas de la pelagra². Las grandes compañías ignoraban que es muy delgada la línea que separa al hambre de la ira. Y el dinero pudo haberse pagado en jornales se gastó en gases venenosos, armas, agentes espías, en listas negras, en instrucción militar. En las carreteras los seres errantes se arrastraban como hormigas en busca de trabajo, de pan. Y la ira comenzó a fermentar.

Fragmento de ‘Las uvas de la ira’, John Steinbeck (1939)

* duraznos¹: piezcos o melocotones.

* pelagra²: enfermedad causada por una dieta deficiente o insuficiencia del organismo para absorber la niacina (vitamina B3) o el triptófano (un aminoácido).

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Si te interesa el tema de esta novela, puedes ver una película basada en la misma. Llamada ‘The Grapes of Wrath‘ (‘Las uvas de la ira’) de John Ford, es una película basada en una familia que lucha por salir adelante, sin tener acceso a un trabajo digno y en condiciones infrahumanas. Es muy recomendable.

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