La Guerra de Cuba. Desastre de 1898. Imperio Español

(Foto: Acorazado Pelayo, 1898)

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España lleva en guerra con Cuba desde la última sublevación cubana de 1895. Sagasta es presidente del gobierno en estos momentos y el sistema político era el ideado por Cánovas del Castillo, que se basaba en  el bipartidismo (mediante la manipulación electoral y el caciquismo), en una Constitución bastante abierta para que no fuese necesario modificar nada, y la vuelta de la monarquía. En el  contexto internacional, los países importantes están en la época del colonialismo, mientras que España se encontraba en una situación totalmente diferente: estaba perdiendo colonias.

Todo comienza con la primera insurrección cubana  en 1868, que dio lugar a una guerra que duro diez años, hasta que en 1878 se firmó la paz de Zanjón: se abole la esclavitud y se establecen representantes en las Cortes. Con esta paz parecía que el problema se había solucionado, pero  los problemas seguían latentes. Hasta que las cosas cambiaron en 1890. Con el arancel de 1891 Cuba tenía que pagar aranceles para la exportación de su producción, esto perjudicaba a los cubanos, sobre todo a los criollos y a los norteamericanos. Otro hecho importante fue la aparición de la literatura  nacionalista.

La definitiva insurrección cubana se produjo el 24 de febrero de 1895 con el grito de Baire,  donde apareció el intelectual José Martí. El poder estaba en manos de Cánovas, quien envió tropas españolas al mando del general Martínez Campos, que posteriormente fue relevado por el general Weyler (buen conocedor de la isla). Fue una guerra dura, y esto se debía en parte a la prisa que había por terminar la guerra antes de que los norteamericanos decidieran intervenir directamente. El asesinato de Cánovas en 1897 propició el ascenso de Sagasta al poder, y decidió entonces seguir con una táctica distinta. Destituyó a Weyler y nombro al general Blanco. Se le concedió a Cuba la autonomía, la igualdad de derechos, el sufragio universal y la autonomía arancelaria; pero las reformas llegaron demasiado tarde, puesto que los independentistas contaban con el apoyo de los estadounidenses y se negaron a aceptar estas hostilidades.

En este contexto se produjo la intervención de EEUU. En las elecciones norteamericanas fue elegido el republicano intervencionista Mac Kinley. Estados Unidos era  ya en esta época una potencia mundial, y estaban construyendo su imperio colonial. Los americanos necesitaban nuevos mercados en donde colocar los excedentes de producción e invertir su capital. Estados Unidos se apoyaba en numerosas teorías como la doctrina Monroe: “América para los americanos” (no querían que hubiese ningún país extranjero alrededor de sus territorios, por eso quieren que Cuba deje de ser española). Las áreas de expansión de los Estados Unidos eran el Pacífico y el Caribe, con el proyecto de unirlas mediante el Canal de Panamá (efectuada en 1903).

España estaba en desventaja respecto a EEUU, puesto que esta última era una gran potencia y la primera estaba al margen de los dos bloques en los que se encontraba dividida Europa antes de la Primera Guerra Mundial: la Triple Entente y la Triple Alianza.

Comenzaron las notas de protesta de los norteamericanos, contestadas con dignidad por el Gobierno Español. Con el pretexto de defender los intereses de los ciudadanos norteamericanos, el 25 de enero fondeó en la bahía de La Habana el acorazado Maine, que el 15 de febrero el buque estadounidense fue sacudido por una explosión y se hundió con la mayor parte de su tripulación. Este hecho fue fulminante, irreversible y decisivo.

Los norteamericanos se negaron a formar una comisión conjunta que averiguase lo ocurrido, y cada parte investigó por su cuenta. Paro los españoles, la catástrofe se debió a una explosión interna del Maine, mientras que los enviados de Washington aseguraban que la causa había sido por una mina o torpedo. Con todo esto el presidente Mac Kinley ensayó una solución pacífica: la compra de Cuba por cien millones de dólares, con un millón de comisión para el político que firmase la operación, pero Sagasta no aceptó (su dilema era: “o la guerra o el deshonor”). Ante esta oferta España tentó soluciones diplomáticas pero no sirvió de nada.

El 18 de abril de 1898 se reunieron el Congreso y el Senado de los Estados Unidos y exigieron a España que abandonaran inmediatamente Cuba. Ante la negativa española, estalló la guerra, que comenzó el 25 de abril. Fue una batalla desigual, un verdadero ejercicio de tiro para los americanos que, en un plazo de dos horas, hundieron toda la escuadra española. La guerra podría mantenerse en tierra por un tiempo, pero ya no tenía sentido prolongarla si no se disponía de un dominio marítimo. Cuba había quedado definitivamente aislada de España, y tuvo que rendirse. Lo mismo pasaba con Filipinas. Por estas razones, el 26 de julio España le pedía la paz a Estados Unidos (llamada la paz de París, firmada el 10 de diciembre de 1898, por lo que renunciamos a Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam (Marianas) a cambio de una indemnización 20 millones de dólares. Aunque Cuba quedó políticamente independiente caería bajo la órbita imperialista de Estados Unidos. Este era el fin de nuestro imperio colonial. La sacudida del 1898 fue una de las más tremendas de la historia de España contemporánea. Este impacto afectó de lleno a la población, y sobre todo a los intelectuales de la época (representantes de la generación del 98 y Regeneracionistas).

CONSECUENCIAS

La perdida de las colonias no es un hecho aislado. Forma parte de un proceso de redistribución colonial entre las grandes potencias que abarca de 1895 a 1905 aproximadamente, y que a pesar de perjudicar a otros países, benefició especialmente a EEUU, Inglaterra y Alemania,  convertidas así en las grandes potencias coloniales en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo el desastre arrastró una serie de consecuencias importantes: las pérdidas humanas, unos 60 000 soldados españoles perdieron la vida, y muchas muertes se debieron a enfermedades infecciosas; las pérdidas materiales, como la subida de los precios de los alimentos y la pérdida de los ingresos procedentes de las colonias; la crisis política fue inevitable, el desgaste político afectó a ambos partidos, pero sobretodo al Liberal y a Sagasta, a quien le tocó afrontar la derrota. Fue también muy grave el desprestigio militar, el ejército saldrá muy dañado en su imagen.

CONCLUSION

Como conclusión podemos decir que este sistema, ideado por Cánovas del Castillo, ha funcionado hasta finales del siglo XIX, finalizado por Sagasta, que se pone al mando tras la muerte de Cánovas en 1897. Este sistema empieza a entrar en crisis a partir de la Guerra de Cuba.

Tras diez años de guerra con Cuba nos llevó a la derrota en 1898, donde el país entró en un estado de frustración, esto significó la destrucción definitiva del mito del imperio español en un momento en que las potencias europeas estaban construyendo grandes imperios coloniales. En el clima de la derrota surgieron una serie de críticas tanto  hacia el funcionamiento del sistema político como la propia mentalidad derrotista y conformista del país. Surgen entonces intelectuales con mentalidades regeneracionistas (renovadores).

El movimiento obrero sigue desarrollándose y, en España,  el anarquismo sigue su curso y tiene bastante peso debido a los atentados terroristas. Se crean asociaciones políticas.

El problema de este sistema es que da de lado a otras ideologías que a su vez van teniendo más peso en la sociedad, y empiezan a organizarse y a presentar problemas debido a la presión que ejercen.

También se están formando otros partidos que no han conseguido llegar al poder que son: los socialistas, el país vasco y también a su vez los regeneracionistas (quienes defendían una reorganización política, la limpieza del sistema electoral, la reforma educativa, etc. En general una actuación encaminada al bien común y no al beneficio de los intereses políticos de la oligarquía.).

En Marzo de 1899, la presión pública desembocó en un voto de censura hacia Sagasta, causado por la derrota. En marzo de 1901 Sagasta volvía a formar el gobierno  y, en mayo de 1902, Alfonso XIII era proclamado rey al cumplir la mayoría de edad y un año más tarde murió Sagasta. Con la muerte del viejo líder liberal, el inicio del nuevo reinado y las consecuencias del desastre, termina el primer periodo del régimen de la restauración.

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Una respuesta a La Guerra de Cuba. Desastre de 1898. Imperio Español

  1. ahg@hotmail.com dijo:

    GENERAL EN JEFE GNB GABRIEL VILLEGAS CONDECORACION GUERRA DE GUAYANA TRES DIABLAS DE LAS FAC TELF.3721845

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